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Ya han pasado 9 años desde aquella fatídica noche del 14 de Octubre de 2005. Un viernes lluvioso de esos que hay muchos en Galicia, como hoy. Volvía para casa después de estar toda la tarde peleándome por una dichosa máquina.
¿Por qué estaría un viernes por la tarde peleándome con algún cliente? Igual era el Carma, nuse.

Una carretera mojada y con poca visibilidad, no era buena idea, correr. Yo iba tranquilo y, aunque deseando llegar a casa, podría ir como mucho a 60 kms/h pero alguno tenía que ir acelerado y así fue. En un abrir y cerrar de ojos y en menos de 2 segundos, vi como un coche se avalanzaba sobre mi por el lado del acompañante y yo sin control. En ese momento, recordé que tenía dos niñas que me estaban esperando en casa y que seguro, no iba a llegar a cogerlas. Se me cerraron los ojos y lo siguiente que recuerdo es a Miguel. Un compañero de trabajo que estaba intentando reanimarme y mucha gente tratando de sacarme del coche.

De ahí, 10min después, un viajecito no muy placentero en la ambulancia hasta el Hospital Miguel Dominguez, donde pude ver a mi familia esperándome y con una cara de acojone que manda huevos. Aunque me dolía todo, pude echar una sonrisa y con una señal, decir que tampoco fue para tanto. ¡No que va! Había tenido mucha suerte y se me había ido una vida.

Hasta ese día, mi vida se basaba en tratar de trabajar día a día y de conseguir vivir decentemente sin alardes y muchas alegrias. Poco más que estar con la familia y disfrutar de uno de mis hoobies, el fútbol, que ya por entonces estaba dejando de ser productivo y sólo me daba alguna que otra alegría con algún que otro trofeo.

 

Era hora de cambiar.

En la UCI y con mucho tiempo para pensar, decidí cambiar mi forma de pensar y de actuar. Tratar de no agobiarme con el trabajo, tener siempre una sonrisa en la cara y disfrutar de la vida. Decidí hacer deporte más asiduamente y dejar el fútbol.

Lógicamente, primero había que recuperarse de las lesiones. 5 meses de dura rehabilitación pero que conseguí, no sin esfuerzo, salir adelante. Lo conseguí e incluso corrí algún que otro maratón.

Ahora, 9 años después, toca volver a sentir un cambio en la vida. Arriesgar y tirar para delante. Sacar todo lo aprendido durante estos años y ofrecerlo a los demás. Sin agobios, ni ataduras y siempre CON UNA SONRISA EN LA BOCA.

Se que es el momento de navegar en solitario. Lo puedo hacer y lo voy a hacer.


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