¿Y si los cuerdos fueran los verdaderos locos?
En 1973, el psicólogo David Rosenhan lanzó una pregunta que desestabilizaría la psiquiatría moderna:
¿Podían los psiquiatras diferenciar a una persona sana de una enferma mental solo por su comportamiento?
Para obtener la respuesta, Rosenhan no escribió una teoría. Puso en marcha un experimento real. Uno tan impactante que sus efectos aún resuenan hoy.
Y su conclusión se conecta directamente con otra historia que ya hemos contado en este blog: Divide y vencerás. Además, en la página Cuentos con moraleja, podrás disfrutar de un cuento popular con una moraleja cada día del año. Te animo a echarle un vistazo porque es un proyecto muy chulo que va cogiendo forma.
Un experimento de Rosenhan disfrazado de locura
Rosenhan reclutó a ocho personas completamente sanas: un pintor, un ama de casa, un pediatra, un psiquiatra, tres psicólogos y él mismo.
Su misión era clara: infiltrarse en distintos hospitales psiquiátricos fingiendo oír una voz que decía “vacío”.

El resto del relato debía ser real: nombre, familia, historia personal. Desde el momento de ingreso, actuarían con total normalidad.
El diagnóstico erróneo
Los ocho fueron internados. Siete fueron diagnosticados con esquizofrenia. Uno con psicosis maníaco-depresiva.
Ningún médico se dio cuenta del engaño.
Lo más alarmante vino después: cualquier comportamiento que tuvieran dentro del hospital era interpretado como un síntoma.
- Tomar notas: “Conducta compulsiva de escritura”.
- Ser amable: “Afecto inapropiado”.
- Ser ordenado: “Tendencias obsesivas”.
Una enfermera incluso anotó que un paciente mostraba conducta patológica al escribir… lo que ella misma acababa de decirle.
Una salida imposible
Los pacientes vivieron experiencias deshumanizantes: evasión de contacto visual, preguntas ignoradas, invasión del espacio personal y pérdida de derechos básicos.
La única forma de obtener el alta era aceptar estar enfermos y tomar medicación antipsicótica.
En total, se recetaron más de 2.100 pastillas innecesarias. Algunas causaron efectos secundarios permanentes.
Los verdaderos cuerdos estaban dentro
Lo más sorprendente fue que muchos pacientes reales detectaron el engaño. Más de 30 internos se acercaron a los infiltrados para decirles:
“Tú no estás loco. Eres periodista. Estás investigando el hospital.”
Mientras tanto, los médicos no sospecharon nada.
El desafío final de Rosenhan
Cuando Rosenhan publicó sus hallazgos en la revista Science, un hospital de prestigio lo retó:
“Envíanos a tus pacientes. Esta vez los detectaremos.”
Durante tres meses, identificaron 41 supuestos impostores entre 193 pacientes nuevos. ¿La verdad? Rosenhan no había enviado a nadie.
A esto se le llamó “El Efecto Rosenhan”.
Consecuencias históricas
El estudio “On Being Sane in Insane Places” provocó un terremoto en el mundo médico:
- Cierre de muchos manicomios
- Reformas en los criterios de diagnóstico
- Nacimiento del movimiento por los derechos del paciente
- Desinstitucionalización progresiva
- Creación del moderno sistema DSM
Moraleja del experimento de Rosenhan
“Cuando una etiqueta precede a una persona, cualquier gesto confirma el prejuicio.”
Este experimento no habla solo de psiquiatría. Habla de cómo vemos, juzgamos y clasificamos a los demás.
A veces, basta una sola palabra —“problemático”, “raro”, “tímido”— para que todo lo que haga una persona encaje en esa caja.
El experimento de Rosenhan nos obliga a preguntarnos: ¿cuántas veces hemos confundido una percepción con una verdad?
¿Te ha gustado este cuento?
Cada semana publicamos (yo y mi querido Chatia) una historia con moraleja real. Algunas son fábulas. Otras, como esta, son hechos que superan la ficción.





