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Mucho se habla últimamente de diferenciarse o de ser distinto a los demás. Llevamos un año complicado en lo que sólo importa es el poder diferenciarse de los demás y uno ya se empieza a cansar de tanta diferenciación para acabar haciendo siempre lo mismo.

Un proyecto que empieza diferenciándose de todo para terminar siendo el mismo puñetero aburrimiento de siempre. Y todo por culpa del dichoso dinero. ¡Quieres hacer algo glamuroso! ¡Hala a gastar más pasta!

Me imagino que los marketinianos vieron el filón en este pensamiento y por eso lo han puesto tan de moda. Ahora todo el mundo tiene que tener un punto de glamour y ser chic, hasta se ha puesto de moda las barbas que hace años daban sensación de descuidados en los hombres. Ahora, el más chic va con barba de un mes y el pelo a lo Ace Ventura.

¡Vamos, clavaito el xaval!

Está bien innovar, está bien diferenciarse pero, si lo hacemos, lleguemos hasta el final y después no estemos 10 meses para abrir el Chiringuito, total para servir el mismo croquetón de toda la vida que en el primer capítulo ya lo sabía hacer perfectamente el amigo Pepe.

Seamos más glamurosos pero siempre respetando nuestros orígenes y sabiendo a donde podemos llegar.

De esa forma, triunfaremos igualmente y nos sentiremos más orgullosos cada día.

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