Vale, esto va a sonar raro viniendo de alguien que vive del marketing digital, pero te lo cuento tal cual: durante años pensé que mi inglés era «suficiente». Suficiente para leer documentación técnica, suficiente para entender un tutorial de YouTube, suficiente para sobrevivir en una reunión sin decir nada y asentir mucho. Suficiente para nada que de verdad importara.

Hasta que llegó un cliente con sede fuera de España, una videollamada, y yo improvisando frases en inglés como quien intenta montar un mueble de Ikea sin las instrucciones. Ahí decidí que se acababa el «ya algo se me entiende», y empecé a buscar en serio cuál era la mejor academia de inglés en Barcelona, porque si lo iba a hacer, lo quería hacer bien.
El problema no era el inglés. Era dónde lo estaba aprendiendo
Antes de llegar a esta historia, probé lo de siempre: apps con su búho pasivo-agresivo, algún curso online que abandoné a la semana tres, y un par de academias donde el profesor hablaba el 80% de la clase y yo escuchaba como quien ve una película sin subtítulos, asintiendo sin enterarme de nada.
Spoiler: así no se aprende a hablar. Se aprende a reconocer palabras. Que es muy distinto.
Llegó myES School y cambió el chip
Un colega me habló de un sitio en Barcelona con un argumento que me convenció antes de pisar el aula: grupos pequeños y la promesa de que ahí se habla, no se escucha clase magistral. Y cumplieron. Desde la primera sesión me di cuenta de la diferencia: el profesor no estaba ahí para lucirse explicando gramática, estaba ahí para que yo abriera la boca, me equivocara, me corrigiera al momento y volviera a intentarlo. Sin vergüenza, sin esperar al examen de final de trimestre para enterarte de que llevabas meses diciendo algo mal.
Lo que de verdad noté (y no es poca cosa)
No fue magia ni un curso milagro. Fue constancia con el método correcto. Y la diferencia se sintió en cosas muy concretas:
- Dejé de traducir mentalmente cada frase antes de soltarla. Empezó a salir directo.
- El grupo reducido significó que hablaba yo, no escuchaba hablar a otros seis compañeros.
- Las correcciones llegaban en el momento, no tres semanas después en un papel con tinta roja.
- Empecé a perder el miedo a la videollamada con cliente extranjero. Ese miedo que, para quien se dedica a esto como yo, es directamente dinero perdido.
¿Para quién es esta academia (y para quién no)?
Si buscas algo cómodo, sin esfuerzo, donde te dejen calentar la silla sin hablar casi nunca, esta no es tu academia. Aquí se viene a hablar, y al principio incomoda. Pero si lo que quieres es de verdad soltarte —ya sea porque tu trabajo lo exige, porque vas a vivir fuera, o porque como yo, te cansaste de fingir que entendías todo en una reunión—, esto sí funciona.
Mi conclusión después de pasar por ahí
No te voy a vender la moto diciendo que en un mes hablas como nativo. Eso no existe, ni aquí ni en ningún sitio serio. Lo que sí te puedo decir, con la mano en el corazón y la experiencia reciente, es que myES School es de las pocas academias donde el método está pensado para que hables, no para que sobrevivas al libro de texto.
Y si después de leer esto te pica la curiosidad, ya sabes dónde mirar antes de apuntarte a otra academia más donde vuelvas a asentir sin enterarte de nada.





