Llevo más de 14 años trabajando con pymes y últimamente escucho una frase que me está matando:
«Ya no te necesito. Se lo pregunto a ChatGPT y me lo hace.»
La oigo en reuniones, la leo en LinkedIn y la repite algún influencer con cara de haber descubierto el fuego: «Le pides la web y VA, Y TE LA HACE».
De repente todos sabemos de marketing, de webs, de redes sociales y de SEO. Somos grandes profesores, médicos de primera, abogados implacables y unos máquinas como entrenadores personales. Ya no hacen falta programadores ni la persona que te lleva la web o las redes. Los arquitectos siguen haciendo falta, pero porque alguien tiene que firmar.

Así que lanzo la pregunta tal cual la diría yo: ¿la IA nos está convirtiendo en gilipollas?
Este post no vende nada. Va dirigido a tres tipos de persona que me encuentro cada semana. Si te reconoces en alguno, que te sirva. A mí también me ha tocado aprenderlo.
1. A ti, que tienes 20 años y crees que la IA te va a resolver la vida
Tienes la herramienta más potente que ha existido para aprender. Un profesor particular que te explica lo que quieras, a la hora que quieras, las veces que haga falta y sin perder la paciencia.
Y la estás usando para que te haga los trabajos de clase mientras sigues echando partidas al Fortnite.
Te lo digo claro: la IA no te va a quitar el trabajo. Te lo va a quitar alguien de tu edad que sepa usarla y además sepa de lo suyo. Cuando te sientes en una entrevista, nadie va a valorar que sepas pedirle cosas a ChatGPT, porque eso lo hace cualquiera. Lo que se va a notar es si entiendes lo que te devuelve, si sabes cuándo está mal y si eres capaz de hacerlo sin ella cuando haga falta.
Hay estudios recientes que van en esa línea. Uno del MIT observó menos actividad cerebral y menos recuerdo de lo escrito en quienes redactaban con ayuda de ChatGPT. Otro de Microsoft y Carnegie Mellon vio que, cuanto más te fías de la IA, menos pensamiento crítico aplicas. Son estudios iniciales, pero la idea es de sentido común: el músculo que no usas, se atrofia. Y tienes veinte años, que es justo la edad a la que ese músculo se construye.
2. A ti, jefe, que acabas de salir de un curso de IA
Hiciste un curso de IA de 20 horas, gratis gracias a una subvención. El formador te enseñó cuatro prompts, te hizo una web de ejemplo en diez minutos y soltó la frase mágica: «Todo esto que os cobran es carísimo».
Y el lunes llegas a la oficina con la lista hecha: sobran cuatro empleados y cinco proveedores. El informático, el community manager, el que hizo la web y el del ERP.
Para un momento y piensa en esto:
- El formador del curso no va a estar ahí cuando algo falle. El día que se caiga la web, que te hackeen el correo o que el ERP deje de cuadrar el IVA del trimestre, ChatGPT te va a dar diez respuestas muy bien redactadas y ninguna responsabilidad.
- Lo que pagas a un profesional no es el tiempo que tarda en hacer algo. Pagas el criterio para saber qué hacer, qué no hacer y qué va a pasar dentro de seis meses. Esos años de errores ya los ha cometido él con su dinero, para que no los cometas tú con el tuyo.
- Esa web que «te hace la IA en diez minutos» suele salir sin Search Console, con textos que se pisan entre sí en Google y con unas páginas legales copiadas de otra empresa y un banner de cookies que no cumple el RGPD. Parece correcta, y ese es justo el problema.
¿Puedes ahorrar con la IA? Por supuesto que sí. Pero el ahorro de verdad está en que tu equipo y tus proveedores la usen para trabajar mejor, no en sustituirlos por alguien que no sabe si lo que le devuelve la máquina está bien. La IA no se equivoca de forma evidente. Se equivoca con seguridad. Y si nadie en tu empresa sabe detectarlo, el que paga eres tú.
Esta escena la he vivido, o alguna muy parecida.
Una empresa pide el Kit Digital. En la mayoría de los casos, el beneficiario solo adelanta el IVA y encima se lo deduce en el trimestre, así que la web le sale prácticamente gratis. El técnico que se la hizo, que muchas veces también le lleva las redes, ve que la persona de la oficina usa ChatGPT en el navegador y le dice que se descargue la aplicación de escritorio, que ahí va a poder hacer bastante más y que pronto se la cargarán los de Open AI.
Se la instala y se queda flipado:
«¡Hostia! ¡Con esto puedo hacer muchísimo más! ¡Incluso me lo hace solo! Ya me puedo ir a tomar unas cañas.»
A los cinco minutos:
«Oye, esto va un poco despacio, ¿no?»
Y el técnico, con toda la educación del mundo, le contesta que será el ordenador, que tiene unos años, o la conexión.
Lo que piensa por dentro te lo dejo a ti. Yo lo tengo bastante claro: «Será la conexión de mierda que tienes.»
Me río, pero la escena resume muy bien el problema. Tener la herramienta no te convierte en experto. Saber usar la herramienta, tampoco. Lo que marca la diferencia es entender lo que estás haciendo con ella: por qué va lenta, qué le estás pidiendo, si lo que te devuelve tiene sentido y qué pasa si lo publicas tal cual. Con la aplicación no se va nadie a las cañas antes. Como mucho, llega antes al error.
Mientras tanto, los oficios de siempre suben de precio
Aquí viene la ironía. Mientras media internet se cree que ya no necesita a nadie para lo digital, los trabajos que durante años nadie quería se han convertido en oro. Fontaneros, albañiles, jardineros, gente que limpia, que se sube a un tejado, que tala o poda árboles en altura, que aguanta un turno de hostelería en agosto.
Que falten no es culpa de la IA, porque viene de mucho antes. Pero deja una lección clarísima: son trabajos que no se pueden «promptear». Nadie le pide a ChatGPT que le arregle una fuga o que pode un roble de 20 metros. Bueno, si se lo piden, el carallo es que salga del móvil, pille la herramienta y, SE LO HAGA. !A ver si tiene huevos!
Y muchos de estos profesionales ya usan la IA para hacer presupuestos, contestar correos o sacar un post para Instagram, pero no han dejado de saber cómo se arregla una tubería. Usan la herramienta sin delegar el oficio. Ese es el modelo que deberíamos copiar todos.
Entonces, ¿nos está convirtiendo en ovejas?
Mi respuesta es no, o al menos no por sí sola. La IA no te vuelve tonto. Lo que te vuelve tonto es delegarle el pensamiento.
Con la calculadora pasó algo parecido. No nos volvió idiotas, porque seguimos sabiendo qué operación había que hacer y si el resultado tenía sentido. Si te dice que 15 por 3 son 4.500, te das cuenta. El problema llega cuando ya no sabes si 4.500 es razonable o una barbaridad, y con la IA eso está pasando con tu salud, tus contratos, tu negocio y tu web.
El rebaño no lo crea la herramienta. Lo creamos nosotros cuando dejamos de preguntarnos «¿esto está bien?» y nos quedamos solo con el «¿esto está hecho?».

¿Y qué pasará cuando la IA nos supere de verdad?
No puedo cerrar sin hablar del tema que ha incendiado las redes este mes.
A principios de septiembre, Jacob Coxon, un investigador que había trabajado en OpenAI y en Anthropic (la empresa que desarrolla Claude), dejó su puesto y publicó un hilo en X. En él acusaba a ambas compañías de correr hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma y de estar «apostando con nuestras vidas». Horas después, Evan Hubinger, responsable de ciencia de alineamiento en Anthropic, le dio la razón en público y le puso cifra a su preocupación: más de un 10% de probabilidad de que la IA acabe con la humanidad en la próxima década.
Y el 12 de septiembre fue el propio CEO de Anthropic, Dario Amodei, quien publicó un ensayo pidiendo a la industria que frene deliberadamente el ritmo al que mejoran los modelos, para que la seguridad pueda seguirles el paso. No habla de parar, sino de ir más despacio.
Hay quien lo ve como una alarma sincera y hay quien lo ve como marketing, porque pocas cosas venden tanto un producto como decir que es tan potente que da miedo. Yo no tengo la respuesta, y desconfío de cualquiera que diga que la tiene.
Pero fíjate en un detalle: los que están dando la voz de alarma son precisamente los que mejor saben cómo funcionan estos sistemas por dentro. No son usuarios que le preguntan cosas a ChatGPT. Son personas que han dedicado años a entender lo que han creado. Justo lo contrario de lo que estamos haciendo la mayoría.
Si algún día llega una IA general que nos supera en casi todo, ¿quién crees que estará mejor preparado? ¿El que la usó para aprender y sigue siendo capaz de pensar por su cuenta, o el que le entregó el criterio a cambio de irse antes de cañas? No sé qué pasará con la humanidad. Lo que sí sé es que la peor forma de llegar a ese momento es habiendo dejado de pensar.
Mi postura: úsala a tope, pero nunca dejes de aprender
Yo uso IA todos los días. Me ha ahorrado cientos de horas y tengo procesos enteros montados con ella. Sería absurdo decirte que no la uses.
Lo que te digo es esto: aprovéchala en tu propio beneficio, sácale el máximo partido, pero NUNCA dejes de aprender lo que te ha creado. Yo siempre le dedico un rato de mi tiempo a entender qué y cómo me lo ha hecho tan rápido la hijaputa.
Cada vez que la IA te entregue algo, hazte tres preguntas:
- ¿Entiendo por qué lo ha hecho así?
- ¿Sería capaz de explicárselo a otra persona?
- ¿Me daría cuenta si estuviera mal?
Si la respuesta a las tres es «no», no has ganado tiempo. Has aplazado un problema.
Seas el chaval del Fortnite, el jefe recién salido del curso o el de la oficina con la app recién instalada, la regla es la misma. Si la usas para aprender, la IA es el mejor profesor que vas a tener nunca. Si la usas para no pensar, es el camino más rápido para convertirte en una oveja más del rebaño, y esta vez sin excusa, porque tenías al mejor profesor del mundo abierto en otra pestaña.

Y recuerda, los bomberos no siempre son capaces de apagar los incendios.





